My personal immersion into Faith / Mi imersión personal en la Fé

Family

I have always known there is a Superior Force from which we were all created, some call it “The Universe” or “Supreme Intelligence” among other names, for me its God, and represents the most incredible source of love there is, because he never sets condition, just loves us. Period.

14 years ago, my son Eduardo  (that was 2 1/2 years old at the time) was playing outside in our garden. We used to live in a condominium that belongs to my family, with lots of green areas and a great deal of peace.

Eduardo started running at the same time my grandma was backing up her car. It was a split second, no more, where every mother’s fears materialized. But as with every accidente, it couldn’t be foreseen, and it was nobody’s fault.

Eduardo was hit, and the wheel from the car passed over his head. I only ran, and at that moment didn’t think about anything more than to hold him. We got him in the car, and literally flew to the hospital, while I asked him not to close his eyes.

When we got there, the doctors took him from my arms and an emergency frenzy took over the place, while a group of angels tried to save his life. But reality was that his chances were very slim.

I remember feeling my soul was drained, I felt like somebody punched me on the face, and all my strenght simply left my body.

I am not sure how much time passed, because I believe your body instinctively shuts down your systems so you can endure these situations, but they called us to a small room filled with doctors that had treated Eduardo, and they gave us the news that his probabilities to live where way to scarse for even to have hope.

They reminded us the importance of organ donation for a case like this, and told us to prepare..and fast.

My husband took me to a small chapel inside the hospital, and at that point I got really pissed off with God! How was it possible that my 2 year old baby, which had been playing with me just a couple of hours ago was going to die?

I told him to grab me, because it was just too much for me to handle alone. I threw all responsibility to see what he did about me, and it was at that time, where I physically felt him for the first time and not only felt him.

I have no idea where I heard it, but in that moment a story came to mind about a boy playing with his train, his favorite toy in the whole world. One day, it broke, and the boy started screaming! His dad came to him when he heard the loud noise, and said he could fix it for him.

The boy felt relief, and extended his hands to give it to his dad, but he just couldn’t let go, it was his favorite toy! His dad said: “If you don’t let it go completely, there is no way for me to fix it” And there it was, my big message, Eduardo was not mine, and only God could heal him completely, but I had to let go of him first.

Every person I know, and a lot of people I didn’t know started praying for Eduardo. Friends from every religion, from every belief and culture got together for this cause: send him love and light.

The result was a real miracle, Eduardo not only survived the accident, but he also recovered in record time and with no sequels to his health. We didn’t have to operate him, he didn’t lose his memory, he was not left on a wheelchair or had epilepsy attacks. It was like it never happened.

I don’t fully understand why these big tests come to our life, I think these experiences are like an intensive course on growth, and a tangible proof that there is something bigger than us out there capable of everything, and even though we don’t understand it fully with our limited mind, it is possible to feel it with an open heart.

Today Eduardo is 16, and leads a normal happy life, he has taught us more from life that anyone else. That love is the most important thing, and there are no impossibles!

Edu y Daniedu y amigas

 

 

 

 

 

 

Siempre he sabido que hay una Fuerza Superior de la cual todos hemos sido creados, algunos le llaman “El Universo”, o “La Inteligencia Suprema” entre otros nombres, para mi se llama Dios, y representa la fuente de amor más increíble que existe, porque nunca pone condiciones, solo nos ama y punto.

Hace 14 años, mi hijo Eduardo (que e ese momento tenía dos años y medio) estaba jugando en el jardín de nuestra casa. Vivíamos en un condominio familiar, con mucho espacio verde y mucha paz.

Eduardo salió corriendo en el preciso momento que mi abuela estaba echando para atrás el carro. Fue un segundo nada más, en donde se materializaron todos los miedos que uno puede tener como mamá, pero como cualquier accidente, no se puede prever, y no es culpa de nadie.

Eduardo fue atropellado, y la llanta del carro pasó por encima de su cabeza. Yo solo corrí, y en ese momento no pensé en nada más que alzarlo. Lo montamos al carro y literalmente volamos al hospital, mientras yo le pedía que no cerrara sus ojos.

Al llegar ahí, los doctores me lo quitaron de los brazos, y se desató una zona de emergencia, mientras un grupo de ángeles trataba de salvarle la vida. Pero la realidad era que sus probabilidades estaban en contra.

Me acuerdo sentir que me vaciaron el alma, me sentía como si alguien me hubiera golpeado la cara con el más fuerte de los golpes, y toda mi fuerza simplemente salió de mi cuerpo.

No sé cuánto rato pasó, porque creo que el cuerpo instintivamente apaga sus sistemas para soportar estas situaciones, pero nos pasaron a una pequeña sala con los médicos que habían visto a Eduardo, y nos dieron la noticia de que sus probabilidades de vida eran demasiado escasas para siquiera tener esperanza.

Nos recordaron la importancia de tener en cuenta la donación de órganos para un caso como este, y nos dijeron que debíamos prepararnos para lo peor…y rápido.

Mi esposo me llevó a una capilla que había en el hospital, y en ese momento me enojé mucho con Dios! ¿Cómo era posible que mi bebé de 2 años y medio, con el que había estado jugando hace un par de horas se iba a morir?

Le dije que me agarrara, porque era algo demasiado grande para manejarlo sola. Le tiré toda la responsabilidad de ver que hacía conmigo, y fue en ese momento donde lo sentí por primera vez físicamente y no solo en mi cabeza.

Me llegó a la cabeza una historia de un niño que jugaba con su juguete favorito: un tren. Un día, el tren se le rompió, y el niño se puso a llorar desesperado. Su papá al oír el escándalo, se acercó al niño y le propuso arreglar su tren.

El niño se sintió aliviado, y extendió sus manos para dárselo, pero no podía soltarlo, era su juguete favorito! El papá le dijo: “Si no lo soltás, no hay manera que pueda arreglarlo” Y ahí estaba el mensaje, alto y claro. Eduardo no era mío, y en ese momento, solo Dios podía sanarlo, pero si se lo entregaba completamente.

Toda la gente que conozco, y un montón que nunca conocí también, comenzaron a pedir por Eduardo. Amigos de todas las religiones del mundo, de todas las creencias y culturas, se unieron para esta causa: mandarle amor y luz.

El resultado fue un verdadero milagro, Eduardo no solo sobrevivió al accidente, sino que se recuperó en tiempo récord y sin secuelas. No hubo que operarlo, no perdió la memoria, ni quedó en una silla de ruedas, ni lo atacaron ataques de epilepsia. Fue como si nunca hubiera pasado.

No entiendo porqué se nos presentan estas pruebas en la vida, creo que estas experiencias son como un curso intensivo de crecimiento, y una prueba tangible de que hay algo más grande que nosotros capaz de absolutamente todo, y aunque no lo entendamos con nuestra mente limitada, si es posible sentirlo con el corazón abierto.

Hoy Eduardo tiene 16 años y medio, vive una vida normal y felíz, nos ha enseñado más de la vida que cualquier otra persona. Que el amor es lo más importante y que no existen imposibles!

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