When you must let go so God can take care

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I’ve been a mom for the past 17 years, and in this amazing experience that life has gifted me, I somehow became a fixer-upper-of-everything. There wasn’t a challenge I could not tackle, and a problem I couldn’t find a solution to (or invent one), until one very special day where God reminded me who’s in control.

Eduardo, my son, had a life-threatening accident many years ago. Doctors said there was not much we could do but wait to see how he would evolve in the next 72 hours. It would be a gigantic understatement to say I completely lost it, as I didn’t have a solution for this, I had to wait, and I had to trust.

Pacing around the hospital like a crazy person, and not knowing what else to do, I went into a little chapel, and asked God to take action, I implored that he fixed everything, as I had no idea what to do.

In that moment, a story came to my mind. There was a little boy playing with his favorite toy in the world: a train. He played with it every day at all times, but one day, it broke.

The boy freaked out, and started screaming, which caught his father’s attention (he was a train-fixing-person). He came running to the room, and asked his son to give him the train so he could fix it.

The boy extended his hands with the train tightly clenched in his fingers, but couldn’t give it to his father. His dad then said “I cannot fix it if you don’t let go”

And that message, that came so clear to me on that afternoon at the hospital, reminds me that there is a Higher Power that completely adores us, and that’s willing to help us any way we need, but only if we allow.

So now, when life throws challenges that overwhelm me, I remind myself that I must also let go, and have Faith God knows how to fix it

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He sido mamá por los últimos 17 años, y en esta experiencia increíble que la vida me ha regalado, me convertí de alguna manera en una arregla-todo. No había ningún reto que no pudiera abordar, ni ningún problema que no le pudiera encontrar solución (o por lo menos inventarla), hasta un día muy especial, cuando Dios me recordó quien está en control de mi vida.

Eduardo, mi hijo, tuvo un accidente que puso en peligro su vida, hace muchos años.Los médicos dijeron que no había mucho que pudiéramos hacer más que esperar para ver cómo iba a evolucionar en las próximas 72 horas. Sería poco decir que perdí totalmente mi autocontrol, ya que en esta ocasión, no tenía la solución, debía de esperar y debía tener Fe.

Caminando de un lado a otro por el hospital, como si fuera una loca,, y sin saber qué hacer, termin;e entrando a una pequeña capilla, y le pedí a Dios que tomar medidas urgentes, le imploré que areglara la situación, porque yo no sabía que hacer.

En ese momento, una historia se me vino a la mente. Había un niño pequeño jugando con su juguete favorito en el mundo: un tren. Él jugaba con su tren todos los días, y en todo momento, pero un día simplemente se rompió.

El niño se asustó y comenzó a gritar, lo que llamó la atención de su papá (que era experto arreglando trenes). Vino corriendo al cuarto, y pidió a su hijo que le diera el tren para poder solucionarlo.

El niño extendió sus manos con el tren herméticamente cerrado en sus dedos, pero no pudo darselo a su papá. Su padre le dijo entonces: “No puedo arreglarlo si no lo dejas ir”

Y ese mensaje, que llegó tan claro para mí en aquella tarde en el hospital, me recuerda que hay un poder superior que nos adora completamente, y que está dispuesto a ayudarnos de cualquier manera que necesitamos, pero sólo si se lo permitimos.

Así que ahora, cuando la vida lanza retos que me abruman, me recuerdo que yo también debo dejar ir, y tener la Fé de que Dios sabe cómo solucionarlo

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